martes, noviembre 08, 2022

Leyenda... La mujer del Alarife

 LEYENDA: LA MUJER DEL ALARIFE 

«El trabajo de este maestro de obras, consistía en la construcción del Puente de San Martín. Una obra clásica de la época, de claro alzado militar en el medievo con dos torreones almenados defensivos con arcos de herradura. Las obras avanzaban según iban cayendo los días y El Río Tajo sumiso y arrogante se deslizaba por debajo del arco central camino del país luso» 

FICHA TÉCNICA 

  • Nombre de la Leyenda: La mujer del Alarife. 

  • Siglo de la Leyenda: Siglo XIII. 

  • Lugar de la Leyenda: Puente de San Martín. 

  • Ciudad: Toledo. 

  • Fuentes: Pablo Gamarra. 

  

LEYENDA 

Aquí recogemos una nueva fábula, de nuevo de pluma de Don Pablo Gamarra. Una historia de amor que tuvo a bien, una mujer para salvaguardar el deshonor profesional de su marido. 

En tiempos del reinado de Alfonso El Sabio (Siglo XIII) empezaron a barajar la idea de la construcción de un puente que cruzara el Río Tajo y quedara ya por fin en el olvido, el antiguo puente de barcas, de donde aún queda en pie un torreón defensivo y donde tuvo lugar la Leyenda del Baño de la Cava. 

Maese Juan el Alarife, fue el maestro de obras, que por aquel entonces vivía en este estrecho callejón, que hoy día se le conoce como Callejón del Alarife y donde se encuentra el obrador de los afamados Mazapanes de Santo Tomé, de fama universal. Aquí pues se encontraba el hogar de Margarita y su esposo, nos cuenta Don Pablo Gamarra. 

El trabajo de este maestro de obras, consistía en la construcción del Puente de San Martín. Una obra clásica de la época medieval, de claro alzado militar, ya que en cada extremo se alzan ambos torreones almenados para proteger y dar defensa a la ciudad. El Río Tajo mientras observa como avanzan las obras viajando camino del país luso. 

Continúa la leyenda diciendo que… con gran dolor maese Juan confesó a su esposa que cuando retirara los andamios, el puente no aguantaría el peso y se vendría abajo, ya que había cometido un error en la sujeción del arco central del puente. 

Aquella misma noche, oscura y sin luna, una sombra deambula por la Calle de San Tomé, despacio y en el más absoluto silencio, oculta bajo una capa detiene su camino ante el cristo crucificado de esta misma calle, clava sus rodillas en el suelo y mirando al cristo implora perdón por lo que más adelante realizará. 

La sombra avanza hasta el Puente de San Martín con una decisión firme, mira al cielo y se santigua al mismo tiempo que prende fuego los andamios de madera. Las llamas iluminan la ciudad que duerme como una luminaria del día de San Antón. Las aguas del Río Tajo reciben en su seno la obra y callan para siempre guardando el secreto de esta historia de amor. 

 

 

jueves, noviembre 03, 2022

Leyenda... Piedra del Rey Moro

 LEYENDA: LA PEÑA DEL REY MORO 

«La Peña del Rey Moro, modelada por los caprichos de la naturaleza en figura de cabeza humana con turbante, dicen, es el espíritu petrificado de un Abul Walíd que, locamente enamorado, salía todas las noches de su tumba para contemplar los lugares donde reposaban los restos de su querida Sobeyha» 


FICHA TÉCNICA 

  • Nombre de la Leyenda: La Peña del Rey Moro. 

  • Siglo de la Leyenda: Siglo XVII. 

  • Lugar de la Leyenda: Piedra del Rey Moro. 

  • Ciudad: Toledo. 

  • Autor de la versión: Santiago Galiano. 


LEYENDA 

La leyenda dice: que Alfonso VI resultaría ser de lo más ingrato que imaginar se pueda, ya que haciendo caso omiso, de la muy generosa hospitalidad que lo ofreció Almamún, quién le colmó de honores y le hizo donación de varios castillos y de la estrecha amistad que le unió a Yahía, arrasaba los campos, y martirizaba con el hambre a sus amigos. Es decir, que según esta versión Alfonso VI olvidó atenciones y amistades para agarrarse al dicho de “los negocios son los negocios”. 

Al atacar sin piedad alguna, obligó a Yahía a acudir a los distintos reyes de Taifas y a los del norte africano en demanda de ayuda. De África vino Abul Walíd, con la intención de sopesar la magnitud del problema y regresar a su reino para armar el ejército más conveniente. ¿Cuánto tiempo necesitaría, un par de días, quizás tres? Pues no, un solo vistazo bastó para completar su estudio militar, pero como suele ocurrir entre los humanos, Abul se enamoró de Sobeyha, la hermana del rey, y su estancia en Toledo se alargó y se alargó. 

Hasta que no hubo declarado su amor a la también guapísima mora no se decidió a regresar a su tierra en busca del ejército que más convenía para la solución del problema, ya no marcharía como simple estratega, lo haría también como enamorado. 

Pasado el tiempo y conquistada Toledo por los cristianos, Sobeyha había muerto de tristeza y Yahía había partido para Valencia. Cuando el príncipe africano se acercaba a Toledo con su potente ejército, Aben, uno de esos forzudos esclavos que solían tener las princesas moras, salió al encuentro del apuesto guerrero africano a quién dejó bien enterado de la caída de Toleítula y de la desaparición de su amada, la que antes de morir le había encargado hacerle saber que moría por el dolor que le afligía la ausencia de su amado. 

¡Para que más! Abul Walíd ya no se movió jamás de allí, acampó sus ejércitos y día tras día, contemplaba la ciudad erguido sobre las peñas situadas por encima de la Ermita de Nuestra Señora del Valle. Hacía planes para la reconquista de Toledo… Informado Alfonso VI, a la sazón en campaña por otras tierras, encargó a su Alférez, o general, Don Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid), atacase a aquellos africanos y los persiguiese hasta echarlos al mar. 

Este gran personaje, listo como el solo, eligió una tranquila noche para caer con mil guerreros sobre el adormecido campamento moro y sembrar el desconcierto entre los mismos sarracenos, quienes en las tinieblas de la oscuridad se mataron unos a otros. Abul Walíd, muerto en aquella refriega, fue enterrado por los supervivientes en aquel mismo lugar cumpliendo así la última voluntad del difunto príncipe. La Peña del Rey Moro, modelada por los caprichos de la naturaleza en figura de cabeza humana con turbante, dicen, es el espíritu petrificado de un Abul Walíd que, locamente enamorado, salía todas las noches de su tumba para contemplar los lugares donde reposaban los restos de su querida Sobeyha. Y dicen también que, en un momento de insoportable dolor, rogó a su Dios le permitiera quedarse en aquel lugar para siempre. Su ruego fue escuchado, y ahí le tenemos. 



miércoles, noviembre 02, 2022

Ancient grek architecture

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Follow the instructions below:
  • Doric: Striped technique
  • Ionic: dotted technique
  • Corintians:painted technique